Por: Jairo Orlando Villabona Robayo, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas – Universidad Nacional de Colombia
Gravar los dividendos, ampliar la base de contribuyentes para el impuesto de renta e incrementar el IVA al 19 % son algunas de las propuestas de la Comisión de Expertos Tributarios. Estas carecen de peso estructural, son regresivas y distan de mantener un sistema equitativo.
Universidad Nacional. El fin de las guerras y los conflictos son, en muchos casos, una oportunidad de desarrollo, como sucedió en Alemania, Japón e Irlanda. Para ello, es necesario la confluencia de todos los actores de la sociedad, tanto en el ámbito nacional como internacional. En el caso colombiano, diferentes gobiernos y organismos internacionales se han pronunciado a favor, pero dentro de las acciones internas, es decir, para que haya una paz duradera hay que garantizar una mejor distribución de los ingresos de tal forma que incentiven la demanda.
En Colombia, mantener la paz no implica un cambio de modelo económico, pero sí tomar medidas que incentiven la industria nacional y el sector agrícola, los sectores que mayor empleo sostenible generan.
Uno de los primeros aspectos que debe consolidarse en el país es un buen sistema fiscal. Este debe ser progresivo, eficiente y simple, es decir, aquellos de mayores ingresos y mayor patrimonio deben pagar mayores impuestos.
En el país ocurre todo lo contario, el 10 % de mayores ingresos tuvo una tasa efectiva de impuestos del 17,7 % y frente a los ingresos de solo el 1,7 %, de acuerdo con cifras de la DIAN en 2013. Sin embargo, los megarricos (0,01 % de la población) tienen una tasa marginal de impuestos que tiende a cero, todas las ganancias que reciben por dividendos no son gravados, basados en el equivocado y obsoleto mito de la doble tributación. Esto es todo lo contrario a lo que ocurre en la mayoría de países del mundo.
El sociólogo francés Marc Leroy señala en su espléndida obra L’impôt, l’Etat et la société que los cambios fiscales que persiguen los incrementos del IVA, el aumento de beneficios fiscales y las tasas bajas en el impuesto de renta (especialmente para las personas de mayores ingresos servidas por las élites políticas) son una forma de “alineación ciudadana”.
Para Leroy, el pretexto ideológico de la globalización pretende legitimar los privilegios fiscales que aseguran los provechos de los actores dominantes en cualquier economía y no permiten el desarrollo. Un ejemplo en el país es el lobby ejercido por importantes empresarios.
Propuestas sin peso
En la actualidad hay un proyecto de Reforma Tributaria Estructural, tarea encargada a la Comisión de Expertos Tributarios. Hasta el momento, las propuestas planteadas carecen de peso estructural, no lograrán un mayor recaudo, varias de ellas, incluso, son regresivas y mantendrán un sistema inequitativo.
Una de las iniciativas plantea gravar los dividendos, pero otorga un descuento tributario del 20 %, algo inexplicable. Esto implica que si la tasa máxima de impuestos se fija en un 30 %, esta solo sería del 10 %. De ahí hacia abajo, tampoco indica una tasa mínima de distribución de dividendos, de no hacerlo, las empresas simplemente no los decretarían y no pagarían. Por tanto, es necesario establecer las tasas utilizadas en países con buenas prácticas fiscales.
Para ilustrar lo expuesto, se tomaron las utilidades del sector financiero en Colombia entre 2011 y 2015, se estimó una distribución de dividendos del 70 % decretada por ley como sucede en Chile, por ejemplo, y se calculó una tasa marginal de impuestos del 45 % en las mayores rentas, dirigidas a personas naturales, como opera con los países de la OCDE.
Tomando los dividendos de solo el sector financiero, que corresponde a una parte de la economía, se hubiesen generado cerca de 18.5 billones de pesos para las arcas del Estado.
En países como Estados Unidos, Francia y Suecia, los dividendos están gravados en su totalidad y las tarifas para los ingresos más altos en personas naturales van hasta el 55 %, lo cual es justo y genera equidad. Esto es solo para los más ricos y afectaría menos del 1 % de la población, pero si beneficiara al 99 % restante, permitiría tener salud y educación de mayor calidad, así como el desarrollo de obras de infraestructura para el desarrollo nacional.
Un ejemplo muy sencillo, para un gran inversionista que obtenga dividendos en un año por 600.000 millones de pesos, tendría que pagar impuestos por 330.000 millones y le quedarían 270.000 millones, es decir, cada día podría gastar 740 millones durante un año.
Los comisionados también proponen ampliar la base de contribuyentes para el impuesto de renta, apoyados en la premisa de que los países más desarrollados tienen una base por ingresos más amplia; de una manera inexplicable, no se tiene en cuenta que ellos tienen entre siete y ocho veces más ingresos per cápita. Además, esto no significará mayores ingresos, generará un gran esfuerzo administrativo en la DIAN y disminuirá su eficiencia, ya que incluir personas con tan bajos ingresos significará devoluciones de impuestos adicionales, lo cual produce un efecto contrario al deseado.
Más IVA en un país desigual
En un sistema fiscal regresivo como el colombiano, con uno de los coeficientes de Gini (indicador de desigualdad) más altos del mundo (0,57, más alta inequidad), otra propuesta inconcebible es aumentar el IVA al 19 %. Para ello, recurren de nuevo a la comparación con economías europeas, en donde, como ya fue explicado antes, el ingreso per cápita es superior. Sin embargo, en Estados Unidos la tasa máxima es del 11 %, en Japón del 8 % o en Canadá del 5 %. Al respecto, vecinos de la región, como Perú, están planteando una reforma para disminuir este impuesto.
Un aumento del IVA solamente golpea a las personas con menores ingresos, mientras para los de altos el impacto sería insustancial. Señalar que los recursos serán retribuidos a los más pobres con programas sociales, crea mayor burocracia y corrupción. Además, con toda seguridad, ese propósito nunca será ejecutado.
Como si no fuera suficiente, se plantea un impuesto a las herencias en un 10 % generalizado, sin ningún tipo de progresividad, es decir, para los comisionados es lo mismo una herencia de Ardila Lule, por ejemplo, que la de un trabajador de la Universidad Nacional. En países como Japón o Corea existen tasas progresivas para las herencias, la más alta comienza en un 50 % y van disminuyendo, ese solo detalle genera equidad. Tampoco, se refieren al impuesto de remesas, aplicada en casi todo el mundo.
Respecto al impuesto de renta para las personas naturales, el más importante por recaudo en el mundo, en Colombia es muy bajo, sin embargo, la Comisión no propone mejorar esta situación. Las tasas en países como Dinamarca para las mayores rentas comienzan en un 55 %, acá se prevé cerca de un 30 %, con innumerables beneficios, que reducen el porcentaje a un 13 % y peor aún para los de mayores rentas que pagaron solo cerca del 1,2 % de sus ingresos en el año 2012, según cifras de la DIAN.
Todos los ciudadanos, especialmente aquellos de mayores ingresos, deben hacer esfuerzos para consolidar la paz que permitirá un mayor desarrollo. Este sector de la población, generalmente muy estructurada en temas económicos y financieros, sabe que los impuestos pagados en relación con sus utilidades son muy bajos. Por eso, no puede pensarse en una reforma que siga golpeando a los menos favorecidos.
Fuente original: Periódico de la Universidad Nacional




