Vender Isagen va en contravía de los pilares del gobierno de Santos y su Plan de Desarrollo “Todos por un nuevo país”, y contra el objetivo de construir una Colombia equitativa, sin grandes diferencias de ingresos y oportunidades, y pone en peligro su democracia.
Es imposible la equidad sin disminuir la escandalosa concentración de la riqueza en Colombia. Nunca habrá igualdad de oportunidades si no se distribuyen mejor los activos que generan riqueza, y si no se democratiza la propiedad. Como dice Piketty, el problema no es solo distribuir el ingreso, sino la riqueza.
Promover un país de muchos propietarios es un mandato constitucional. El artículo 60 obliga al Estado a promover el acceso a la propiedad y a democratizar la propiedad accionaria al vender empresas del Estado. Exige ofrecer las acciones en condiciones especiales a los trabajadores y al sector solidario. No cumplir el mandato es otra de las grandes equivocaciones de privatizar Isagen.
El Gobierno puede argüir que cumplió con la inútil Ley 226 de 1995, que reglamentó el artículo 60, y que ofreció primero las acciones de Isagen a los trabajadores en condiciones especiales. Es cierto. Pero que cumpla con la letra de una ley mal diseñada y peor aplicada, no es un esfuerzo por democratizar la propiedad: en la primera vuelta solo vendió el 0,1% de las acciones porque las condiciones no eran atractivas y porque el mismo Gobierno impuso condiciones imposibles para que el sector solidario o los trabajadores adquirieran toda la empresa.
No es que el Ministerio de Hacienda no tenga la capacidad técnica para estructurar una venta que facilitara democratizar la propiedad accionaria. El problema es la indecisión política para hacerlo, pues el objetivo de vender Isagen no es cumplir el mandato constitucional sino el criterio fiscalista de maximizar los ingresos y vender al mayor precio posible, aun concentrando más la riqueza en los grandes grupos empresariales nacionales o extranjeros.
La Constitución se obedece pero no se cumple. Los objetivos del Estado Social de Derecho se sacrifican ante el mayor precio. Así sucedió en las privatizaciones de empresas del Estado en los últimos 25 años, exceptuando la capitalización de algunas empresas públicas que sí han sido diferentes. Este Gobierno, a diferencia de los anteriores, sí se planteó la equidad como uno de sus objetivos. Y lo incumple.
“O Colombia atiende las disparidades sociales, o pone en riesgo su propio futuro”, dice el documento del Plan y hay que democratizar la propiedad accionaria como ordena la Constitución y la forma como se privatiza Isagen implica perder una de las últimas oportunidades de hacerlo, pues ya se feriaron la mayoría de las empresas del Estado.
¡Vendiendo a Isagen no se construye un nuevo país!
Tomado de El Universal, Colombia



