Ha anunciado la Procuraduría el inicio de investigaciones en contra de los presuntos responsables de las posibles irregularidades ocurridas en Reficar (Refinería de Cartagena).
Lo que pretende la Procuraduría es establecer quiénes son los responsables por los escandalosos sobrecostos, que ascendieron a US$4.000 millones.
Desde que la Contraloría denunció esto, algunos miembros de la junta directiva de Ecopetrol y los directivos de esa empresa han salido a taparse los unos con los otros. Se halagan en las entrevistas e inclusive algunos han llegado a decir que ponen las manos al fuego por tal o cual persona. (Es decir, todos tan honestos y eficientes).
Estamos hablando de una suma absolutamente escandalosa, más cuando en Colombia se siguen muriendo los niños de desnutrición. No solo en La Guajira, sino aun en Bogotá y en algunos de sus municipios cercanos. Esto produce mucha indignación, pues mientras vemos las imágenes de los niños muriendo, los funcionarios responsables de este descalabro hablan del tema como si no tuviera ninguna importancia.
Resulta imposible no relacionar un tema con el otro. Sé que suena populista, pero en un país con los problemas del nuestro, en donde esta semana el ministro de Hacienda nos habla de un hueco presupuestal de $30,5 billones, resulta indignante que ocurran cosas como las de Reficar y algunos de los responsables anden por ahí pavoneándose en los elegantes restaurantes bogotanos.
El problema de esta investigación, de carácter disciplinario, que no penal, es que la sanción puede llegar a inhabilitar a los funcionarios. ¡Y ya!
Y lo que hemos visto en el pasado es que a muchos responsables de esos actos reprochables no les importa la inhabilidad, pues al final del día quedan felices y ricos.
Más grave aun resulta el hecho de que todos los mencionados en este escándalo son casi que intocables. Es decir, no son como la persona que se robó unas chocolatinas por $15.000 y acabó preso por cinco meses.
Reficar es sin duda el escándalo de posible corrupción más grande en la historia de Colombia. Tanto es así que el presidente Santos le echa la culpa al gobierno de Uribe, y este a los funcionarios del actual gobierno. Ambos, Santos y Uribe, saben que sus funcionarios, o algunos de ellos, fueron cómplices de este gran descalabro. Que nadie se llame a engaños.
Lo que pasó en Reficar constituye un concurso de delitos que podrían pasar, entre otros, por celebración indebida de contratos, hasta concierto para delinquir. No es solo un tema disciplinario, por lo que la Fiscalía no tendrá más remedio que actuar también de manera eficiente para ver si los responsables algún día pagan cárcel al menos por un tiempo mayor al que se robó las chocolatinas. ¿Será posible?
Y en lo que tiene que ver con Isagén, pues le tocará al ministro Cárdenas enfrentar una investigación de carácter penal para que explique por qué la vendió a un solo oferente, cuando se trataba de una subasta.
“Tomado de El Espectador, Colombia”




