La presentación del Gobierno sobre su propuesta de reforma tributaria se empaña más por las mentiras que incluye que por la probada falta de sustento técnico.
Para qué decir que habrá cárcel para evasores de impuestos, si no es cierto. El artículo 289 del proyecto de reforma, en su parágrafo primero, dice: “Se extinguirá la acción penal cuando el contribuyente presente o corrija la declaración o declaraciones correspondientes y realice los respectivos pagos, cuando a ello hubiere lugar”. Lo anterior deja claro que, si la DIAN agarra al pícaro que robe impuestos con las manos en la masa, este “lava” todo con dinero y hasta se podrá acoger a la reserva tributaria; es decir, esconderse hasta de la sanción pública, cuando es alguien famoso, como es el caso de varios de los involucrados en el escándalo de los Papeles de Panamá.
Para qué decir que las nuevas personas que declararán renta no necesariamente pagarán impuesto de renta, si, por derecha y sin que puedan aplicar deducciones y descuentos, que sí aplican grandes empresas, les retienen en la fuente sobre su salario un porcentaje de impuestos que, en últimas, es el anticipo del impuesto de renta, aunque en el formulario les arroje cero pesos por pagar.
Para qué decir que simplifican el actual sistema, si no se le recortan artículos al engorroso Estatuto Tributario, sino que, por el contrario, se le aumentan más artículos y se ponen a consideración del Congreso 311 artículos que constituyen, casi todos, sólo vaselina para la clavada del IVA, que se resumen en cinco artículos de tan extensa propuesta del Gobierno.
Para qué decir que fortalecerán a la DIAN, si en este inconveniente proyecto se abre un plazo de hasta cinco años para dicho fortalecimiento, extenso lapso que, en la práctica, manda una señal a los evasores de impuestos de que tendrán suficiente tiempo de cuadrar sus entuertos.
Este Gobierno no necesita mentir más, ya que, aunque no tenga la razón, ni autoridad moral ni represente a la mayoría de los colombianos, ganó las pasadas elecciones y tiene el control del Congreso, cuyos parlamentarios parlotearán sobre pequeñeces para despistar a sus ingenuos electores, mientras aprueban el grueso y el eje central de esta mal llamada reforma estructural: el IVA.
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