El aberrante reconocimiento del presidente Santos de que sólo 52.000 personas naturales y 32.000 empresas serán sujetos del impuesto a la riqueza por declarar un patrimonio superior a $1.000 millones pone en evidencia que Colombia está peor que la Francia revolucionaria descrita por Víctor Hugo hace más de dos siglos, con un capitalismo incipiente, concentrado en pocas manos y bajo la protección de una decadente monarquía presidencial.
Por: José Roberto Acosta, miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.
El Espectador. Supuestamente, sobre estos pocos recaerá un recaudo adicional de casi $30 billones de un total de $53 billones que nos prometen se recaudará en los próximos cuatro años. Mentira, pues una estructura social y empresarial tan concentrada sólo significa oligopolios y carteles como el de los pañales y el papel higiénico, que se prestan para trasladar casi en su totalidad estos nuevos impuestos al consumidor de a pie, por eso la clase media y baja de la sociedad serán las más afectadas con esta reforma tributaria que nada hace por mejorar la nociva inequidad que ni en la Francia del siglo XVIII se sufrió. Mentira, también, la pantomima hecha por la Andi y Fenalco para hacernos creer que salieron disgustados con los nuevos impuestos. Mentira es que este remiendo tributario tiene todo lo que el país necesita. Mentira que los medios de comunicación están al servicio de las mayorías.
A diferencia de la Revolución francesa, la cabeza que rodará no será la del rey, que curiosamente ha logrado reelegirse de generación en degeneración, sino la de varios padres de familia que sufrirán el año que viene una mayor inflación a la esperada por el Banco de República y un mayor desempleo por cuenta del ajuste a la baja de las expectativas de crecimiento económico, aceptado esta semana por el propio ministro de Hacienda y que al fin reconoce que el país no está blindado contra la caída de los precios de petróleo.
Lo peor es que, a falta del debate entre jacobinos y girondinos, acá nos hacen creer que el debate es entre santistas y uribistas. No. Es como creer que Batman y Robin están peleados o que el Frente Nacional fue un pacto entre ideas contrarias y no entre reyezuelos decadentes para turnarse el trono. La obra maestra de Víctor Hugo es un retrato de nuestra pequeña monarquía, sólo que sin Marat, sin Robespierre, ni Dantón, sólo con pequeños bufones.
Tomado de: El Espectador – Colombia



