Por: Silvia Rugeles, Miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.
La semana pasada pudimos conocer que en Belice, la compañía constructora de vías D-Mar de propiedad de Denny Grijalba, candidato oficialista a la alcaldía de la capital de ese país centroamericano, demolió un templo Maya de más de dos mil trecientos años para obtener grava y reparar con ella una carretera.
Ante el escándalo, se pudo conocer que Grijalba se exculpa del hecho alegando que Alfredo Martínez, actual embajador de Belice ante la República de Guatemala y propietario del predio, ha permitido realizar excavaciones en el terreno donde se ubicaba el Templo Maya para obtener materiales de construcción.
Resulta sorprendente preguntarse ¿Qué hace un Templo Maya, patrimonio de la humanidad, en un predio privado?
Lo ocurrido en ‘Noh Mul’ debería abrir los ojos de los colombianos para ver qué sucede cuando se coloca, en manos de particulares nacionales o extranjeros, nuestros parques naturales, páramos, recursos minerales, y en general nuestra soberanía.
La escena de la retroexcavadora destruyendo el Templo Maya (http://goo.gl/gsBCA) no difiere mucho con lo que permitimos que hagan las compañías multinacionales del sector minero-energético en nuestro país.
En Colombia se intentan desviar ríos, como el Rio Ranchería – uno de los más importantes de La Guajira – para permitir que tres compañías extranjeras extraigan nuestro carbón; se destruyen páramos para permitir que las poderosas mineras canadienses se lleven lo que resta de nuestro oro; se permite la contaminación de la bahía de Santa Marta porque es más importante la exportación de carbón, que la conservación de las playas y sus ecosistemas; en el parque Tayrona, el Estado concede cada vez más terrenos para que grupos económicos construyan un hotel de lujo, bajo la máscara del eco-turismo, cuando el lujo que de verdad tenemos son las riquezas arqueológicas y reservas forestales que allí se encuentran.
¿Qué más tenemos que ver para que en Colombia tomemos conciencia de las violaciones sistemáticas de las multinacionales mineras a nuestra soberanía?
En Colombia la locomotora minera de Santos, se asimila a la retroexcavadora D-Mar, que está destruyendo nuestro país a cambio de unas regalías miserables. Las compañías asentadas en las regiones, más que generar dinámicas económicas de prosperidad, significan una maldición que predice hambre, sequía y destrucción
La retroexcavadora que se observa destruyendo el Templo Maya, simboliza el descaro de las compañías privadas, cuya única preocupación es la obtención de ganancias a costa de lo que sea. Sacrificarán una joya arqueológica, un río, un pueblo forzando su desplazamiento.
Ojalá este trágico episodio, que los grandes medios de comunicación han ignorado, nos lleve a concientizarnos que nuestros recursos naturales no pueden ser explotados por privados o multinacionales irresponsables, que buscan sólo el lucro; que nuestro patrimonio cultural y ambiental debe estar por encima de la pretensiones foráneas, para que de esta forma como ciudadanos concientes, le exijamos al gobierno colombiano velar por la protección de los intereses nacionales del capital extranjero que, como vemos, son voraces.
El problema de fondo se encuentra en el modelo, el cual no podemos reelegir!



