La composición del nuevo Congreso: más de lo mismo en la política tributaria

Mar 11, 2014

Por: Jairo Bautista. Miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia. La elección del nuevo Congreso no representa -como ya es común- la posibilidad de cambios en los aspectos realmente importantes de la política de Estado, en materia tributaria tampoco hay espacio para hacerse ilusiones, en realidad el nuevo parlamento podría ser incluso […]

Por: Jairo Bautista. Miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.

La elección del nuevo Congreso no representa -como ya es común- la posibilidad de cambios en los aspectos realmente importantes de la política de Estado, en materia tributaria tampoco hay espacio para hacerse ilusiones, en realidad el nuevo parlamento podría ser incluso uno en el cual se puedan tomar con mayor facilidad decisiones “antipopulares” que obviamente golpearán a las clases menos favorecidas.

Un análisis de la composición partidista del Congreso no deja lugar a dudas: Comencemos con la Unidad Nacional, la cual si bien quedó debilitada por la llegada del Centro Democrático, aún tiene los arrestos suficientes como para aprobar las iniciativas del gobierno en el marco de leyes ordinarias, para las cuales no se necesitan las mayorías absolutas, incluso podrían prescindir para tal efecto de los dudosos aliados conservadores, aunque todos los análisis predicen que en realidad la bancada conservadora estará con pie y medio en la Unidad Nacional y el resto (una minoría de 7 a 9 senadores y de 5 representantes) se alinearían con la línea oficial del partido, que parece será dictada por el otrora “liberal” Álvaro Uribe, cosas de un país donde la ideología es solamente una palabra que aparece en el diccionario.

congreso-de-colombiaJustamente es la figura del expresidente la que más debe preocupar: durante su mandato de 8 años, se aprobaron 5 reformas tributarias y uno no sabe cuál es más regresiva que la otra, y claro está, uno no sabe cuál es más garantista de los derechos de los inversionistas, es decir, de su círculo privado de privilegiados que durante su gobierno bebieron las mieles de las desgravaciones a diestra y siniestra: desde los servicios de entrenamiento de caballos de paso, hasta los hoteles y hostales en los cuales sus cercanos tienen poderosos intereses económicos.

Así, los huevitos tributarios de Uribe  tendrán un nido muy caliente donde empollarse, ya ha anunciado lo que serán sus ideas en esta materia: “recuperar la caída de la confianza inversionista” seguramente ofreciendo gabelas que su sucesor desmontó, como los contratos de estabilidad jurídica, verdadera parafernalia jurídica que desordenó aún más el sistema fiscal y sirvió como rio revuelto en el cual muchos “avispados” pescaron fuertes desgravaciones, tan inconvenientes, que hasta un amigo de los inversionistas como Juan Manuel se vio obligado a desmontar.

El debate será intenso sin duda, pues como se ve muchas obras tributarias de Uribe fueron desmontadas por su “traidor discípulo” Santos, y si bien el uribismo no tiene las mayorías para poder imponer sus reformas, si tienen el poder para introducir cambios inadvertidos propios de todas las discusiones en la materia, las cuales favorecerán el desarrollo de esa economía terrateniente, señorial  y especulativa que tanto gusta a los de la mano firme y corazón grande.

La izquierda, dividida, no podrá oponer mayor resistencia al avance de los reformadores y aparte de generar memorias históricas en los debates, será realmente muy poco en lo que puedan detener la previsible “derechización” fiscal del país que se hace sobre la realidad de cobrarle más impuestos a los pobres, y la ficción de regalarles casas y subsidios para que se queden contentos. Sin embargo, por lo menos en el debate, se espera un nivel muy alto, así que es posible que los debates televisados ganen algo mas de rating, pero poco mas que eso.

A fin de cuentas, el terreno de las finanzas públicas está abonado: los ingresos vienen cayendo consistentemente, la exigencias del posconflicto, la reversión de concesiones, el aumento de la deuda externa y otros factores serán el caldo de cultivo perfecto para varios debates en el plano tributario. Y si hay reelección presidencial (como parece ser a estas alturas) la Unidad Nacional no tendrá más opción que seguir incumpliendo la promesa de su jefe: la de no hacer una sola reforma tributaria durante su mandato.

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