Por: Diego Otero Prada. Rector Universidad Uniciencia y miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.
Una primera mirada sobre el impacto de la reducción en los precios del petróleo es la siguiente.
La caída en los precios del petróleo que se ha producido en los últimos meses de 2014, a menos de 70 dólares el barril, después de haber llegado a 140 dólares, tiene implicaciones negativas y positivas sobre los países de Latinoamérica y el Caribe.
Para los países exportadores de petróleo, Venezuela, México, Ecuador, Colombia y Trinidad Tobago, los efectos son negativos por varias razones. En primer lugar, caen las divisas por exportaciones lo cual presiona la cuenta corriente hacia abajo. En segundo lugar, se afectan las utilidades de las empresas petroleras, con la consecuente disminución de impuestos para el gobierno y disminución en la capacidad de inversión de las empresas. En tercer lugar, los ingresos para los gobiernos central, regional y local bajan porque se colecta menos ingresos por regalías e impuestos de diferente tipo. En cuarto lugar, cae la inversión extranjera en el sector, que es muy sensible a los precios internacionales.
Para los países importadores de petróleo, toda Centro América y el Caribe (con la excepción de Trinidad Tobago), Uruguay, Paraguay, Bolivia, Surinam, Chile y Argentina, el efecto es positivo porque se reduce la carga de las importaciones.
Brasil es un caso especial porque en 2014 ya es autosuficiente en petróleo y no se ve afectado.
Para todos los países hay un impacto positivo, como es la reducción en los precios internos de los combustibles, lo que favorece a los hogares y a las empresas, liberando recursos para aumentar la demanda de otros bienes.
El efecto total de los impactos depende de cuánto durará esta etapa de precios bajos. En este campo, la experiencia muestra que es muy difícil hacer predicciones, pero por lo menos uno a dos años se requieren para que el mercado se estabilice y los precios se recuperen. Por otra parte, un precio de 70 dólares el barril es equivalente al precio de 13 dólares el barril en 1973, es decir, que a valores constantes, el precio del petróleo no ha perdido valor. Precios por encima de 100 dólares eran excesivamente altos y no obedecían a ninguna lógica, comparando con las alternativas de fuentes nuevas y renovables como las energías solar, eólica, de biomasa, de celdas, maremotriz, de transporte eléctrico, etc
Si se compara con un precio normal de 100 dólares el barril, por cada barril diario exportado se pierde 10.950 dólares por año. Para Colombia, para un promedio de 700000 barriles de exportaciones de crudo y 90.000 de derivados, esto significa una pérdida de 8.650,5 millones de dólares al año. Pero teniendo en cuenta que Colombia importa 130.000 barriles diarios de derivados, la pérdida total se reduce a aproximadamente 7227,0 millones de dólares, de un total de 30.149 millones de dólares de exportaciones de hidrocarburos en 2013. Para Colombia, esta pérdida impacta negativamente el saldo de la cuenta corriente, que en 2013 fue negativa en 12.276 millones de dólares y que en el primer semestre de 2014 era de 8106,0 millones de dólares. Es decir, se requiere que la cuenta de capital sea superavitaria en una cantidad importante para evitar disminución en las reservas. Si esto no ocurre, la presión sobre una devaluación alta va ser enorme.
Análisis parecido se da para los otros países exportadores de petróleo y derivados. Por ejemplo, para Venezuela, la pérdida es de 21.900 millones de dólares por año por exportaciones de crudo de un total de 73.000 millones de dólares antes de la caída.
Para los países importadores de hidrocarburos se dan los efectos contrarios que para los exportadores: se favorecen en todos los sentidos.
Experiencia: bien contar con recursos naturales valiosos pero no hay que apostarle solamente a este tipo de bienes. Hay que diversificar las economías, hay que apostarle a la industria y la agricultura.




