Por: José Roberto Acosta, miembro de la Red por la Justicia Tributaria en Colombia.
Se avecina otra “reformita tributaria” centrada en alargar la vigencia del impuesto al patrimonio y a las transacciones financieras, que nos vendieron como transitorios pero que se transformaron en un pagaré en blanco contra los ciudadanos, para mantener la aceitada y creciente burocracia estatal.
Como ha sido la constante en la historia fiscal de Colombia, el ajuste se sigue haciendo por el lado de buscar mayores ingresos fiscales sin el más mínimo esfuerzo por ajustar, o por lo menos “racionalizar”, el lado del gasto, que ascenderá en el año 2015 a $ 216,5 billones y ya está desfinanciado en algo mas de $12 billones.
Asusta el ministro de Hacienda al declarar que cada peso proveniente de nuestro petróleo es un peso menos de impuestos para los colombianos, en momentos en que el declive de la producción interna se suma al descenso en el precio internacional por barril de crudo, anticipando una cascada de tributos cuya cuota inicial está próxima a presentarse al Congreso pero de forma tímida, nada estructural, nada redistributiva, nada simplificadora, nada de nada.
Y tal vez la razón de tanta timidez sea que ya arrancaron las estrategias proselitistas para las elecciones locales que se celebrarán el próximo año y en las que los partidos de la llamada Unidad Nacional no quieren quemarse con una reforma tributaria que mine el apoyo de sus patrocinadores privados, consentidos con exenciones, excepciones, deducciones especiales, tarifas preferenciales y otros privilegios en los impuestos de IVA y de la renta, necesarias de remover.
La última reforma tributaria no solo fue cobarde sino regresiva, pues recayó principalmente sobre la clase media, mientras beneficiaba las herencias de los que tienen para heredar y el margen de ganancia de las empresas. En efecto, Steiner y Cañas (Tributación y equidad en Colombia, CEDE – 2013) concluyen que para el caso de la simplificación del IVA su tan cacareado propósito redistributivo no se cumplió, mientras que los empleados que están en estos días llenando sus formularios de declaración de renta se escandalizan, no solo por el aumento de su retención en la fuente ya pagado, sino por el renglón de “impuestos mínimos” (IMAN e IMAS) que resultaron en máximos de tributación para empleados y trabajadores independientes. No vale ser valiente solo con los débiles.
Tomado de: El Espectador – Colombia



