Así inciden en la canasta familiar las variaciones en tasa de cambio

Abr 19, 2016

El Tiempo Casi ningún colombiano, por consumir bienes y servicios que en general tienen algún componente importado, escapa al efecto que tiene la devaluación del peso sobre los precios. Según un estudio reciente del Banco de la República, liderado por Hernán Rincón y Norberto Rodríguez, con una medición realizada entre el 2002 y mayo del […]
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Casi ningún colombiano, por consumir bienes y servicios que en general tienen algún componente importado, escapa al efecto que tiene la devaluación del peso sobre los precios.

Según un estudio reciente del Banco de la República, liderado por Hernán Rincón y Norberto Rodríguez, con una medición realizada entre el 2002 y mayo del 2015, un año después del choque en la tasa de cambio, en los precios al consumidor puede llegar a 30 por ciento de dicho choque.

La investigación se da a conocer en medio del alza de la inflación que se viene dando hace dos años, y cuya más reciente cifra, registrada por el Dane, da cuenta de que a marzo alcanzó 7,98 por ciento anual, es decir, 5 puntos porcentuales por encima de la meta del 3 por ciento prevista por el Emisor.
En este resultado, la tasa de cambio ha jugado un papel importante; sin embargo, hay otras variables que han contribuido en mayor medida a la presión sobre el bolsillo de los consumidores, como es el aumento de los precios de los alimentos y de los bienes y servicios regulados, causado por el fenómeno del Niño.

Además, hay otros factores que juegan para que la tasa de cambio influya sobre la inflación, como la inflación internacional, las estrategias de precios de importadores y productores, y la percepción del choque cambiario –si lo ven como choque temporal o permanente–, dice el estudio.

“El impacto del choque cambiario actual podría prolongarse por un tiempo más. Claro, el efecto final sobre la inflación es altamente incierto y depende, entre otros, de la reacción de la política monetaria”.

No es solo el dólar

Según Rincón, para la medición no se utilizó solo la tasa de cambio bilateral (peso frente al dólar), sino lo que los economistas denominan “tasa de cambio nominal efectiva”, es decir, aquella que tiene en cuenta las fluctuaciones de las monedas de países desde los que importamos, frente al dólar, y luego del peso frente a esta misma moneda.

De igual manera, los investigadores tuvieron en cuenta el tamaño de las importaciones desde cada país, según explica Rincón.

Por ejemplo, “si importamos bienes desde Brasil y su moneda también se ha depreciado frente al dólar, entonces no necesariamente tiene que cambiar el precio en pesos de las importaciones desde ese país”, agrega el investigador.

Hay que recordar que, en el caso de Colombia, la devaluación del peso frente al dólar, en el 2015, alcanzó a promediar 31,64 por ciento.

El estudio destaca que la transmisión no es automática ni constante en el tiempo, y depende, por ejemplo, de las decisiones de los que comercian los productos.

Así lo explica Rincón: “No necesariamente las firmas que están en Estados Unidos y que nos exportan, ajustan de inmediato el precio de los bienes que nos venden acá cuando varía la tasa de cambio. Depende de otras circunstancias”, y agrega que hay importadores locales que tienen inventarios de productos, lo que los ubica en dos caminos: o transmiten directamente el alza en la tasa de cambio a los compradores, o no lo hacen y venden barato (porque compraron con una tasa de cambio menor) y así no desaceleran sus ventas.

También existen contratos comerciales que impiden que los movimientos de la tasa de cambio se trasladen a los precios, por lo menos durante cierto tiempo. “En estos casos, el importador tendría que absorber el choque y castigar sus márgenes de utilidad”, agrega el investigador.

De acuerdo con el estudio, la transmisión del aumento de la devaluación varía según el eslabón en la cadena de formación de precios. Es así como, tras el choque cambiario, en el nivel del importador la transmisión va de 20 por ciento en el primer mes a 66 por ciento al año; al nivel del productor local, que compra al importador, el impacto va de 13 a 52 por ciento; mientras que al consumidor directo de bienes importados el efecto es menor, de 6 a 48 por ciento. De la misma manera sucede con el índice de precios al consumidor, donde el choque va de 4 por ciento en el primer mes a 30 por ciento al año.

Las diferencias en la transmisión de las variaciones de la tasa de cambio en los distintos precios en la cadena se ilustran con un ejemplo del investigador.

“Tenemos un importador de pieles para la industria colombiana del calzado. Si la tasa de cambio aumenta, él le transmitirá casi proporcionalmente dicha variación del precio al que le vende al comprador (productor de zapatos), porque debe entregar más pesos por cada dólar para importar las pieles”.

Efecto en la gente

Una vez el productor de zapatos recibe el choque trasladará los mayores costos a los precios de venta a los consumi-
dores. Y lo hará en menor grado, porque probablemente no le han variado otros costos no relacionados de forma directa con la tasa de cambio. No obstante, en la cadena, hay otros bienes que son finales y no tienen un proceso de producción de por medio: un celular, cuya cadena de distribución empieza con el importador. El que lo va a poner en la tienda le adiciona un valor agregado: el empaque, por ejemplo. “Aquí, él elige si ajusta o no rápidamente los precios con base en la demanda y la competencia a su alrededor”, explica Rincón.

Cabe destacar que el estudio se realizó para el período del 2002 a mayo del 2015, es decir, no está contemplado el efecto adicional que ha aportado la tasa de cambio a la inflación desde ese momento hasta la actualidad.

ECONOMÍA

 

“Tomado de El Tiempo, Colombia”

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