Un ministro de Hacienda reconocido y respetado en el mundo financiero. Mauricio Cárdenas ha efectuado una buena cirugía a la economía para resistir los choques externos por la caída del precio del petróleo. Considera que se requiere prudencia con el alza de tasas de interés en escenario de desaceleración, defiende el nivel del precio del dólar y advierte que con una tasa de cambio a $1.700 por mucho tiempo, la industria habría desaparecido. Reitera que el financiamiento del posconflicto es una de las prioridades del Gobierno para 2016. Sobre estos temas habló con El Espectador.
¿Qué ha sido lo más difícil de este año?
Administrar la caída tan drástica y tan abrupta de los ingresos fiscales y de las exportaciones debido al menor precio del petróleo. Eso, en otras circunstancias, en otro momento de nuestra historia, hubiera significado una crisis muy profunda. El país hoy tiene la solidez, tanto en la estructura económica como en sus instituciones económicas, para acomodarse a un choque tan fuerte.
¿Consideró en algún momento que fuera tan profunda la crisis del petróleo?
Hoy estamos con un precio cercano a los 40 dólares por barril. Desde comienzos de este año, ya después del bajonazo del precio, estábamos pronosticando unos del orden de 60 dólares por barril. Este escenario de fin de año de 40 dólares no estaba en las cuentas hace doce meses.
En todo este escenario, ¿qué lo hizo sudar… petróleo?
Sudar, sudar… la principal preocupación este año para mí, sin duda, ha sido la inflación, la aceleración de la inflación. Porque del lado del crecimiento de la economía, afortunadamente ha estado bien, incluso los resultados han sido mejores que muchas de las proyecciones, incluida la del propio Banco de la República.
¿Qué lo ha hecho sudar más, la inflación o el precio del dólar?
La tasa de cambio la he visto siempre como una consecuencia natural de la caída del precio del petróleo, incluso como necesaria, mientras que la inflación la veo como algo muy perjudicial, no solo porque les afecta el bolsillo a los colombianos, sino también porque obliga a algo que no es del todo deseable en este momento en el país, que es subir las tasas de interés.
¿Sufrió mucho con el regaño del presidente Juan Manuel Santos cuando el Emisor elevó en 50 puntos la tasa de interés?
No. El presidente estaba haciendo un comentario general sobre su opinión en cuanto al tema de las tasas de interés. El presidente fue ministro de Hacienda y entiende perfectamente, primero, la independencia del Banco (de la República) y segundo, que son decisiones en que hay un debate de ideas. Son decisiones que se toman por una mayoría y así como en una junta se aprobaron los 50 puntos, porque la mayoría obtuvo esos 50 puntos, a la junta siguiente, la posición mayoritaria fue la de 25 puntos. Independientemente de si son 50 o 25, lo que es complejo es que el país esté subiendo las tasas de interés en un escenario de desaceleración y para eso la única explicación es que la devaluación ha tenido un impacto muy fuerte sobre los precios. Esa es la realidad.
¿No se sintió incómodo con ese comentario?
No, no me di por aludido. Lo interpreté como un comentario general sobre la situación de la política monetaria, pero en ningún momento lo tomé como una crítica personal.
¿Qué tanta es la preocupación en el Gobierno con una tasa de cambio sobre los $3.000 y unas exportaciones que no despegan?
Pongámoslo en estos términos: la caída del precio del petróleo tiene dos efectos, uno fiscal y otro sobre las cuentas externas. El efecto fiscal ya lo hemos ido administrando. Yo diría que del choque fiscal, ya dos terceras partes las hemos incorporado por la vía de más impuestos o de recorte del gasto. Nos queda una tercera parte para hacer el ajuste desde el 2017 en adelante, para acomodarnos a un nuevo escenario con menos ingresos petroleros.
En el lado externo, que es la segunda manifestación de la caída de los precios del petróleo, que se caen las exportaciones de 28.000 millones de dólares en 2014 a 14.000 millones de dólares en 2015, eso es un choque fuerte; perdimos 14.000 millones de dólares en exportaciones. El petróleo pasó de ser el 50 por ciento de las exportaciones, el año pasado, a ser el 30 por ciento de las exportaciones este año. Ahí el efecto todavía es muy grande, el país todavía no ha podido contrarrestar ese choque, no se ha podido ajustar a ese choque. Lo vemos porque el déficit de la cuenta corriente sigue siendo muy alto y todavía no se ve ese ajuste. La tasa de cambio va a ayudar, es una condición necesaria, pero no es suficiente para que despeguen otras exportaciones. Debe ser la gran agenda nacional aumentar las exportaciones y sobre todo sustituir importaciones.
El compromiso del Gobierno es bajar ese déficit. ¿A qué nivel y en cuánto tiempo?
Hay que bajarlo a un nivel inferior al 5 por ciento del PIB, hoy en día estamos por encima del 6 por ciento. Hemos tenido varios trimestres de este año que hemos estado por encima del 7 por ciento del PIB, que es muy alto; ese déficit hay que reducirlo. La devaluación ayuda, pero se toma un tiempo en dar una señal para que los exportadores comiencen a exportar más, en materializarse en resultados. Los mercados nos están dando un compás de espera, pero esa espera no es ilimitada. Tenemos que bajar a un déficit cercano al 5 por ciento del PIB en el 2017.
¿Qué es mejor para la economía, la revaluación o la devaluación?
A pesar del problema inflacionario, que viene con la devaluación, para el país en el largo plazo es mucho mejor tener un dólar alto, porque ahí es donde está el empleo, donde está la posibilidad de desarrollar la industria, el agro, el turismo. El modelo asiático nos ha enseñado que es mejor tener una moneda relativamente subvaluada que una moneda sobrevaluada.
¿Con una acentuada revaluación nos reventamos?
Si hubiéramos seguido por el camino de la revaluación muchos años, con dólar a 1.700-1.800 pesos, muy probablemente la industria habría desaparecido.
¿El próximo va a ser un año de apretón y lágrimas?
Yo pienso que va a ser un año parecido a 2015, es decir, estamos teniendo un ciclo de dos años de ajuste, el crecimiento va a estar por el mismo nivel. Me preocupa que la subida de las tasas de interés, para controlar la inflación, nos acabe desacelerando el crecimiento económico, por eso hay que ser muy prudente con el aumento de las tasas.
¿Le preocupa un incremento muy alto del salario mínimo por efecto de la disparada de la inflación?
Tenemos que evitar a toda costa generar una espiral inflacionaria. Se sube la inflación, suben los salarios, vuelven a subir los precios y no podemos permitirnos que se vuelva a generar una dinámica de alta inflación. Tenemos que ser muy prudentes y muy responsables en esta decisión del salario mínimo. Tenemos que pensar también en que la economía está creciendo menos, por más que crecer al 3 por ciento sea un buen resultado en medio de todo este entorno. Con un crecimiento del 3 o 3,5 por ciento no vamos a poder seguir generando los mismos empleos que generábamos cuando la economía crecía al 4 por ciento. Hay que pensar también en proteger el empleo, en proteger a la clase media, y por eso la decisión sobre el salario debe ser muy prudente.
¿Cuántos huecos de la correa se deben ajustar el cinturón los colombianos?
Vamos a medirlo en puntos del PIB (Producto Interno Bruto), que son como los puntos de una correa. Este año, en el Gobierno nos abrochamos un punto de la correa y el año entrante otro punto. Los colombianos que se mantengan en el mismo punto. Que se mantengan en el mismo ritmo de consumo, no tienen que afectar su consumo; el consumo lo tiene que reducir es el Gobierno para acomodarse al menor ingreso por el petróleo.
En materia de recursos para el posconflicto, ¿que está pensando el Gobierno?
Esa va a ser una parte muy importante de nuestra agenda de 2016, porque todos somos muy optimistas con el fin de las negociaciones de La Habana y el inicio de una nueva fase en la que será necesario buscar más recursos para desarrollar todos esos acuerdos. En esa búsqueda de recursos vamos a tener que ser muy creativos en términos internacionales con la cooperación, para eso está el Fondo Colombia Sostenible que acaba de presentar el presidente en París. Vamos a tener que ser muy creativos en la redefinición de prioridades, vamos a tener que buscar cómo cumplir con esos compromisos en un plazo razonable que sea compatible con nuestra deuda fiscal. El financiamiento del posconflicto va a ser nuestro principal reto en el Ministerio de Hacienda a partir del próximo año. Va a ser nuestra principal bandera.
¿A quién le daría el abrazo más fuerte al presidente Santos o al Vicepresidente Vargas Lleras?
Son estilos y son personalidades muy distintas. En el caso del presidente de la República tengo una enorme admiración y tengo una gran compenetración con lo que es su visión del país, me siento plenamente identificado con la visión del presidente, lo que se ha resumido tantas veces como la tercera vía. Es decir ser muy responsable en el manejo económico, pero al mismo tiempo muy progresista en el manejo social, muy de avanzada en los temas como la paz, l redistribución. Me identifico plenamente con esa forma de ver el mundo y de ver el papel de uno como funcionario público y la conducción del Estado. Tengo una relación de trabajo muy fluida. Con el vicepresidente, aunque hay, como con todas las carteras relacionadas con el gasto público siempre el choque asociado los recursos, para un ministro o en el caso del vicepresidente que está del lado de los gastos, los recursos nunca son suficientes. Esa es parte del desarrollo natural de la forma como funciona un gobierno. En los temas fundamentales estamos siempre de acuerdo como el desarrollo de la infraestructura.
¿En esos caminos no hay la posibilidad de nuevos choques?
Un gobierno por definición siempre es deliberante y es natural que los sectores, la vivienda, la educación, el turismo, todos, necesiten más recursos y ese espacio siempre va a ser de discusión. Entonces las diferencias son parte de la búsqueda de decisiones dentro de un gobierno, lo que pasa es que deben ser totalmente profesionales, basadas en realidades y esas diferencias se deben manejar muy interna y privadamente.
¿Cuál es el mensaje del ministro de Hacienda a los colombianos para el próximo año, ante la incertidumbre sobre lo que pueda suceder con la economía?
El mensaje es: ya pasó lo peor, tuvimos un año de ajuste. El ajuste lo ha asumido directamente el Gobierno recortando gastos, y por el lado de los impuestos, el ajuste lo han asumido los empresarios que pagan impuesto a la riqueza y que tienen utilidades altas, es decir, utilidades de más de 800 millones de pesos que pagan la sobretasa del CREE. Así ha evitado que el ajuste le pegue a la clase media, que afecte las condiciones de vida de la clase media. Hemos sido exitosos al lograr que la economía mantenga un buen ritmo de crecimiento y niveles de confianza. Vamos a seguir por ese camino con prudencia.
“Tomado de Portafolio, Colombia”




