(El Espectador) Masacre entre Bogotá y La Calera: José Roberto Acosta

Nov 9, 2015

Como economista considero que no tienen la menor importancia el crecimiento del PIB, ni el comportamiento de la inflación, ni la tasa de desempleo, ni el déficit fiscal, si a mis vecinos los acribillan a sangre fría con tiros de gracia en el piso. Como economista considero que no tienen la menor importancia el crecimiento […]

Como economista considero que no tienen la menor importancia el crecimiento del PIB, ni el comportamiento de la inflación, ni la tasa de desempleo, ni el déficit fiscal, si a mis vecinos los acribillan a sangre fría con tiros de gracia en el piso.

Como economista considero que no tienen la menor importancia el crecimiento del PIB, ni el comportamiento de la inflación, ni la tasa de desempleo, ni el déficit fiscal, si a mis vecinos los acribillan a sangre fría con tiros de gracia en el piso.

Pues esta matanza sucedió el pasado domingo, a las diez de la noche, en la vía que conecta a la capital del país con el municipio de La Calera por el sector de El Codito, cuando cuatro encapuchados y una mujer asesinaron a Bladimir Díaz, Giovanny Amaya y al menor Hugo Tapia, dejando heridas a otras tres personas. Trabajadores de la zona sin antecedentes penales, por lo que las autoridades hablan de masacre “circunstancial”, como si hubiera sido cuestión de mala suerte o del destino, pero no, es conocido por la Policía que a pocos metros se tiene un gran terreno que acopia arena, gravilla y otros materiales producto de minería ilegal que masacra los cerros orientales de Bogotá, la cual ha sido denunciada desde hace años a las autoridades del municipio de La Calera, a la Alcaldía Menor de Usaquén y a la CAR, quienes, cínicamente y prevaricando, no hacen nada efectivo para frenar tan pavorosa depredación ambiental.

El alcalde Petro no hizo mención a semejante crimen, como si el hecho de haberse llevado a cabo a trescientos metros fuera de su jurisdicción eximiera al Distrito de su responsabilidad por exportar delincuencia a municipios vecinos, que a cambio sí le suministran su valiosa agua, cada vez más amenazada por la explotación ilegal en esos cerros. Silencio cómplice replicado por todos los candidatos a la Alcaldía de Bogotá.

El Codito es un barrio de invasión que ha sido provisto con servicios públicos y rutas de SITP, con gran esfuerzo de inversión social por cuenta del presupuesto de todos los bogotanos; sin embargo, se sigue expandiendo ilegalmente ante las narices de las autoridades, por bandidos que lotean en horas y en sólo días levantan estructuras en concreto, al tiempo que conviven con quemaderos de basura, explotación de canteras ilegales, microtráfico de drogas y naciente sicariato.

Mi absoluto rechazo a que se sigan disfrazando y escondiendo, con cifras estadísticas, los verdaderos problemas de la gente y que las autoridades no hagan cumplir la ley.

@jrobertoacosta1

“Tomado de El Espectador, Colombia”

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